La lucha por la tierra tiene rostro de mujer | Land Portal | Asegurando los Derechos a la Tierra a través de Datos Abiertos

Por : Sofía Calil

La disputa por la tierra siempre ha puesto en tensión el poder económico y político. Actualmente, el derecho a la tierra no es concebido como un derecho humano fundamental en el ámbito internacional. Transitar por este camino es esencial para resolver problemas globales como la pobreza y el cambio climático con modelos y políticas que incluyan a todas las personas.

En distintas partes del planeta, hay un factor común: quienes lideran las luchas por el acceso a la tierra son las mujeres. Vale pensar en Argentina y el caso de Lucía Ruiz, productora salteña, criminalizada por defender el territorio con su propio cuerpo ante el avance las topadoras.

La situación de Lucía, quien se encuentra actualmente procesada, pasa desapercibida en la agenda mediática. O bien, vale pensar en Berta Cáceres y su brutal asesinato por defender el territorio de la comunidad lenca en Honduras contra la desidia del gobierno de Mel Zelaya.

Más allá del silencio, las mujeres encuentran diversas maneras para compartir sus saberes y resistencias. Tal es el caso de la Plataforma Feminista por la Tierra. Córdoba fue sede de su segunda reunión global tras su reciente formación en julio de este año.

Sus miembros provienen de cuatro continentes: Fundación Plurales (Argentina), Espaço Feminista (Brasil), Luna Creciente (Ecuador), GROOTS Kenia (Kenia), Consejo Pastoral de Mujeres (Tanzania), PWESCR (India), AZUL (Marruecos), y Trashumancia y Naturaleza (España).

Todas las organizaciones son parte de la International Land Coalition (ILC). Sin embargo, notaron una ausencia de perspectiva de género transversal a las demandas globales. Esto las impulsó a formar la Plataforma. HOY DÍA CÓRDOBA estuvo presente y dialogó con algunas de sus integrantes.

Extracivismo

“Tener una plataforma global es muy significativo. La tierra y los territorios son importantes para los movimientos feministas no solamente desde los derechos, sino desde la resistencia ante el sistema. La tierra no puede ser una mercancía y tenemos que romper con la lógica del mercado”, compartió la activista brasileña Patricia Chavéz de Espaço Feminista.

De esta manera, Chávez y las presentes denuncian el sistema extractivista. Este modelo productivo basado en la extracción y explotación de los recursos naturales para obtener grandes volúmenes de materias primas es el principal motor de la economía en los países de América latina, sin importar el color político de sus gobiernos.

En 2016, OXFAM presentó un informe titulado “Tierra, poder y desigualdad en América latina”: “En la región, 32 personas privilegiadas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres. La desigualdad económica está íntimamente ligada con la posesión de la tierra, pues los activos no financieros representan un 64% de la riqueza total”.

Esto se traduce en conflictos como desplazamientos de comunidades rurales por el avance de la frontera agropecuaria, falta de oportunidades con migraciones hacia las ciudades por la excesiva concentración de la tierra, expulsión de comunidades indígenas, además de contaminación de agua por agroquímicos, megaminería y desmontes. Las mujeres, las más afectadas.
“Coincidimos fuertemente en que no estamos conformes con el sistema de explotación capitalista. Encontrarnos en la Plataforma es una manera de esperanza”, dijo la ecuatoriana Clara Merino de Luna Creciente y agregó que más allá del control y la producción, hablar del derecho a la tierra es también focalizar en el respeto a la naturaleza y concebir a los cuerpos como territorios de disputa.

Comunitario

“Concebimos el derecho a la tierra desde una dimensión colectiva y comunitaria. No es el derecho individual. Las luchas, en general, son lideradas por mujeres. Así lo encontramos en el territorio. Son las primeras que resisten y que valoran a la tierra como un bien colectivo superior al empleo que ofrece una minera o la compensación económica por moverse del territorio. Beneficios que son individuales y buscan fragmentar lo comunitario”, detalló Lilian Gregorio de Plurales.

En consonancia, Marta Esber de la misma fundación cordobesa leyó un escrito enviado desde Mozambique: “En la lucha por el acceso a la tierra, los líderes comunitarios varones se unieron al Gobierno para apoyar a las empresas a las cuales les entregan la tierra. Las mujeres no”.

De alguna manera, la fortaleza de las mujeres para luchar por la tierra y los territorios anida en las carencias económicas. Los varones claudican en la batalla en pos de trabajos efímeros, golondrinas, que proponen grandes empresas como mineras o trabajo rural precarizado.

Vale la mención que las activistas africanas no pudieron asistir al encuentro porque sus visas fueron negadas por el Gobierno argentino. “Los pobres ya no somos libres ni siquiera de poder transitar por el mundo”, comentó la activista mexicana Elsa Arroyo al respecto.

No obstante los obstáculos, hay una fuerza que teje redes, supera luchas y se potencia en lo colectivo. Un ejemplo cercano de resistencia son las madres de barrio Ituzaingó y el deterioro de sus vidas por llevar glifosato en la sangre a raíz de las fumigaciones a pocos metros de sus casas.

“Mientras la tierra esté depredada por el modelo económico, las personas tenemos pocas posibilidades de estar sanas. Esto es parte de un todo y compromete a las futuras generaciones”, reflexionó Gregorio sobre esta situación en la periferia de la capital.

“La defensa es por el territorio no es una cuestión de propiedad, es de pertenencia e identidad”, concluyó Esber. Desde la Plataforma Feminista por la Tierra, asoma un atisbo de esperanza. Un comienzo luminoso. La resistencia es colectiva y global. Las mujeres están juntas por el derecho a la tierra y el territorio.

 

Blog publicado en Hoy dia

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