“No se necesitan más reformas. Hay que aplicar lo que ya existe” | Land Portal

Expertos de la Red Rural se reunieron para discutir sobre las acciones que deben ponerse en marcha este año para potenciar, realmente, el desarrollo rural en el país.

Se ha vuelto un lugar común hablar del “inmenso potencial que tiene el campo colombiano”. Sin embargo, a lo largo de los años este futuro promisorio del desarrollo rural se ha quedado en el papel.

 

Con el propósito de aterrizar la discusión y de formular propuestas concretas para impulsar una verdadera mejoría en el campo colombiano, La Silla Llena convocó el jueves pasado a varios expertos de la Red Rural para una Conversación de Coyuntura. La pregunta que les planteamos fue esta: ¿qué acciones concretas debemos poner en marcha este año para potenciar, realmente, el desarrollo rural en el país?

Asistieron Gonzalo Mejía, profesor de la facultad de ingeniería en la Universidad de la Sabana, y experto en temas de seguridad alimentaria y logística; Santiago Flórez, consultor experto en temas de competitividad agropecuaria; Felipe Roa-Clavijo, investigador en la Universidad de Oxford especializado en desarrollo rural y reducción de la pobreza y la desigualdad; y Alberto Rodríguez, director de Cetec, una organización que se dedica a proyectos de desarrollo sostenible rurales principalmente Cauca, Putumayo y Nariño.

Como es habitual en estos ejercicios, la conversación se rigió por la regla de no atribución, es decir, nos enfocamos en qué fue lo que se dijo y no en quién lo dijo.

Estas son las principales propuestas que se discutieron.

Hay que impulsar la Reforma Rural Integral, pero ajustarla en la práctica

“La Reforma Rural Integral consagrado en el Acuerdo de Paz tiene 16 planes que van desde temas de infraestructura hasta temas sociales y productivos; y de esos planes, que debieron ser aprobados en 2018, hoy solo hay 9 aprobados”, advirtió uno de los asistentes.

En ese sentido, meterle el acelerador este año a la implementación del Acuerdo de Paz es fundamental.

Pero, al mismo tiempo, se anotaron dificultades que han tenido en la práctica, por ejemplo, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet) diseñados en el acuerdo: “no tienen ninguna coherencia, ninguna sistematicidad, ningún plan”, señaló uno de los asistentes.

Lo que hay que hacer, según él, es enfocarse en estrategias microrregionales que apunten a una integración de los pequeños productores al sistema productivo general. Eso implica integrarse con la empresa privada y con las cadenas de supermercados. De lo contrario, ningún plan de desarrollo en el campo va a ser realista.

La ley de compras públicas de alimentos es una buena oportunidad

La ley 2046 de 2020, que se aprobó a finales del año pasado, les exige a todas las entidades del Estado que el 30 por ciento de todas sus compras de alimentos sea a pequeños productores. “Lo interesante de esto es que no se necesitan más recursos, sino que los mismos recursos se estarían redireccionando a los pequeños productores del campo, y eso tendría un impacto muy profundo”.

Este tipo de iniciativas ya se han puesto en marcha en otros países (como en Brasil) y han sido un éxito, de acuerdo con uno de los expertos. “Una buena implementación de esta ley puede ser un hecho revolucionario”.

Pero para que así sea, uno de los asistentes anotó que debe haber “zanahoria y garrote”: “zanahoria”, en cuanto a que se le debe comprar la producción al campesino a un precio que sea superior al costo de producción y al que le ofrecería otro comprador (“pues, de lo contrario, no se habría hecho nada”); pero, al mismo tiempo, debe haber un “garrote” que estimule la competitividad (como, por ejemplo, un precio diferencial de acuerdo a la calidad del producto). Muchas veces ocurre que, cuando se garantiza la compra, se pierde el incentivo para ser competitivo, lo que puede repercutir en peores productos y, por consiguiente, en menos demanda.

No se necesitan más reformas, sino más recursos y enfoque de género

Pero el impulso al desarrollo rural no va a pasar únicamente por una modificación de los marcos normativos o por la creación de nuevas leyes; el problema, como lo apuntó uno de los expertos, es que estos no están respaldados por un presupuesto robusto.

“El monto asignado para 2021 al sector agropecuario corresponde al 0,54 por ciento del presupuesto nacional. Un sector que participa con el 6,7 por ciento del PIB y emplea al 17 por ciento de la población económicamente activa recibe menos del 1 por ciento del presupuesto nacional”.

Sin una asignación generosa de recursos y una ejecución correcta de los mismos, el desarrollo rural no tendrá el respaldo requerido para darse en la práctica.

Y añadieron que cualquier política que se ponga en marcha debe tener una perspectiva de género y apuntarle a la mujer rural. “Tanto en las ciudades como en las zonas rurales, las mujeres son las más pobres. Pero, entre los pobres del campo (que proporcionalmente son mucho más pobres que los de las ciudades), las mujeres son mucho más pobres que los hombres”.

Buena parte del problema es la ineficiencia logística

No se debe perder de vista que, como cualquier cadena de producción, las actividades agrícolas obedecen a las leyes básicas de oferta y demanda. El año pasado se vio con la papa: hubo sobreproducción, lo que generó un exceso de oferta y, por eso, los precios se desplomaron. A veces el problema no es la ausencia de subsidios o de apoyos a los agricultores, sino un estricto resultado del comportamiento del mercado que hay que conocer y entender.

También se requiere de una aproximación en términos logísticos. Se podría avanzar mucho en el campo si hubiera mejores tecnologías en cuanto a pronóstico, a riego, y esfuerzos en materia, por ejemplo, de centros de consolidación. Si se logran afinar todos estos eslabones logísticos, se reducirían los sobrecostos que se le trasladan al consumidor final y, en consecuencia, se terminaría estimulando la compra de los productos del campo.

Por eso, sin vías terciarias no vamos a avanzar en nada

Según la SAC, solo el 10 por ciento de las vías terciarias del país están en buen estado, y mientras ese problema no se resuelva, ninguna reforma o inversión va a ser suficiente. “Mientras no podamos descargar las papas de internet, vamos a depender de transportadores, y el pésimo estado de las vías terciarias hace que el transporte sea más caro. Y este sobrecosto se le traslada al consumidor final”.

Además, está demostrado el impacto positivo que tiene la inversión en vías terciarias. “Perú, por ejemplo, entre 2000 y 2011, hizo una inversión importante en vías terciarias, y estos son los resultados: se redujo 50 por ciento el tiempo promedio del viaje; el jornal aumentó un 73 por ciento; el valor de la tierra, 88 por ciento. Y, en comparación a los lugares en que no se hizo esa inversión, el índice de desarrollo humano aumentó en 3 veces”.

Y no se debe olvidar que en el campo también se cultiva coca

Tampoco se puede perder de vista el contexto en el que se desarrollan las actividades económicas en el campo, y es la existencia de cultivos ilícitos que son mucho más rentables que otros productos legales. “Un ‘raspachín’ gana un jornal de 110.000 pesos, y el jornal para quien siembra yuca es de 35.000 pesos. Competir contra eso es imposible”.

Blog publicado en la Silla Llena

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