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Date of publication: 
Novembro 2018
Resource Language: 
ISBN / Resource ID: 
IPDRS-Diálogos-231
Pages: 
9
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IPDRS

Una “Carta de la Amazonía”, un contexto sudamericano peculiar
 
Ruth Bautista Durán*
 
El Laboratório de Estudos de Movimentos Sociais e Territorialidades de la Universidad Federal Fluminense (LEMTO-UFF) y el Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS), en el marco de la iniciativa Movimiento Regional por la Tierra y Territorio, realizaron el VI Encuentro por la tierra y territorio, en esta versión con la temática Superando las fragmentaciones, tejiendo redes de vida, en la ciudad de Marabá, estado de Pará, Brasil, del 8 al 11 de noviembre de este año.
Con la acostumbrada y vivificante “mística” que caracteriza los encuentros y reuniones con causas y luchas en común en Brasil, se arrancó el Encuentro con la presencia de al menos 10 organizaciones territoriales, entre campesinas e indígenas, y además, la participación de representantes del pueblo Mapuche (Chile) y el pueblo Añú (Venezuela), y la compañía de activistas y académicos de Brasil, Bolivia, Colombia, Chile y Perú.
El encuentro propuso una metodología basada en cuatro dimensiones necesarias para la reproducción de la vida, como son: convivir, habitar, comer y curar. Reunidos en tres heterogéneos grupos, los participantes motivados por estos cuatro dispositivos, reflexionaron respecto a sus experiencias por garantizar la comida, el techo, la salud y otros, a sus familias y comunidades.
La riqueza compartida se nutrió de las diferentes formas de organización y comprensión del territorio. Los temas emergieron con naturalidad y se habló sobre la alimentación tradicional, respecto al actual mercado alimentario; las posibilidades de curar las enfermedades de la modernidad y restituir los territorios, reforestar la tierra y sostener aquellas prácticas que, pese al capital y su violencia, permiten la reproducción de la vida.
En un contexto en el que con la última decisión electoral de Brasil se estaría terminando una etapa histórica en la que se supone que el progresismo llegó al poder, definitivamente el clima político de Sudamérica está determinado geopolíticamente por la polarización. El análisis colectivo apuntó que la creciente presencia militar juega tres papeles: garantizar el orden; desplegar estrategias de ocupación territorial, disputar el territorio, que no es más un acto legal, sino militar; y además, el reprimir la lucha política y respaldar a la persecución jurídica. Por ello se ha anunciado abiertamente que varios movimientos sociales, al meterse con temas estatales (militares) que hacen a la ocupación del espacio, territorio y el discurso contestatario, son terroristas.
Varios campesinos e indígenas, cuyas luchas por la tierra y territorio son de largo aliento, aportaron una visión no estatal desde los territorios, donde el contexto más bien se habría esclarecido para descartar la “posibilidades” que habrían visto muchos, pero que en verdad, no son tal si se trata de los siempre “desventajados” campesinos o indígenas.
Nuevamente se nos ha recordado que el lugar de Sudamérica –y de Brasil- en el mundo, no es otro que el de proporcionar materias primas, se han renovado las estrategias de la dependencia, junto a la tecnología de la comunicación, incluso se ha actualizado la noción de periferia, despolitizada, polarizada, consumista. Lo que toca es “desaprender categorías”, no somos más Estado-nación, nos viene la plurinacionalidad y nos agarra sin mayores recursos para ejercerla. Desaprender las categorías y repertorios aprendidos por la dominación y doblegamiento, nos puede liberar, “debemos retornar a los territorios y mirar el pasado, volver a ser nosotros”, se reflexionó.
Desde otros países de Sudamérica se pidió revisar y reconsiderar reiterar tantas veces el tema del “bloque progresista” con políticas gubernamentales tan claramente reaccionarias, respecto a las agendas indígenas y demandas campesinas. Tal como lo anunció la consigna del evento “Superando la fragmentación, tejiendo redes de vida”, se vive un contexto social y político de fragmentación, de desaliento y que lo que queda, como se manifestó, es retornar a nuestras territorialidades, afirmar nuestras identidades y asumir desde la autogestión, la necesidad de reproducir la vida de las comunidades y territorios.
Un aspecto fundamental en las conclusiones del encuentro y las elocuciones que emergieron fue el de la autonomía, la auto-organización y el autogobierno, que debe procurar que los esfuerzos permanezcan en los territorios y coadyuven a reproducir la sociabilidad y la vida. La fundamental presencia de mujeres y jóvenes, también abrieron las discusiones a remarcar en la participación de las mujeres a partir de sus tareas fundamentales, en ámbitos de la producción agropecuaria, el cuidado y el liderazgo de procesos.
Mientras se aguarda la publicación de la memoria de esta reunión, queremos compartir la “Carta de la Amazonía”, sistematizada y elaborada durante el Encuentro, y firmada por todas las organizaciones y personas presentes.
 
Carta de la Amazonia
Nosotros, comunidades, pueblos tradicionales y profesores-investigadores de Brasil y de América del Sur, reunidos en la Amazonia, en la ciudad de Marabá, entre los días 8 al 11 de noviembre durante el VI Encuentro Tierra y Territorio: Superando Fragmentaciones, Tejiendo Redes de Vida; teniendo en cuenta nuestras responsabilidades frente a la vida y la humanidad, queremos manifestar públicamente nuestras preocupaciones, fruto de 4 días de intensa reflexión frente a los desafíos que se nos presentan en el nuevo escenario político de la coyuntura brasileña, latino-americana y mundial.
Nos manifestamos desde la Amazonia, región que por sus características metabólicas y socioculturales tiene gran relevancia para los destinos de la vida en nuestra casa mayor: el planeta, y para la humanidad. Lo hacemos a partir de un rico acervo de conocimientos forjados por etnias, pueblos y nacionalidades que habitan la región hace más de 10 milenios, enriquecidos con la contribución de campesinos que vinieron de varios lugares de Brasil y del mundo, a habitar nuestras tierras bajas (várzes) y tierra firme, y en diálogo con científicos que saben que no hay vida sin conocimiento y, por eso, dialogan con estas tradiciones de conocimiento; por tanto, estamos lejos de un vacío demográfico como colonialmente se piensa fuera de nuestra región y, al contrario, estamos frente a una región diversa, densa en horizontes más justos para la vida. Todo esto nos coloca responsabilidades, nos obliga y autoriza a alertar a la comunidad brasileña, latino-americana e internacional, de las amenazas que nos cercan.
El Sur y el Sudeste de Pará, desde donde nos manifestamos en este momento, viene siendo, hace 40 años, objeto de un proceso social y económico marcado por extrema violencia y devastación, teniendo como eje la mercantilización de la vida por los negocios del agro, que forja una concentración de las tierra alarmante y violenta, ya sea por los negocios del agua que cambian el sentido de los ríos y destruyen comunidades, o sea por la mayor planta de extracción mineral en operaciones en el mundo que (Proyecto Gran Carajás), para llevar hierro a los principales centros industriales del mundo, saquea riquezas retirando las condiciones de existencia a innumerables comunidades y pueblos tradicionales; o también, para la producción de carbón vegetal y la formación de pastizales para la expansión de monocultivos. Este complejo de devastación y violencia ha consumido la más densa selva del mundo. Cuánto açaí, cuánta bacaba, cuánto taperebá, cuánta pupuña, cuánta castaña, entre otros muchos frutos, han dejado de alimentar a tanta gente, sólo para garantizar la saña de acumulación de capitales irresponsables con los destinos de la vida humana y no-humana. Los efectos perversos de este proceso social, sentidos principalmente por los pueblos originarios indígenas, por los quilombos y por los campesinos de la región, no se restringen a ellos, sino que se propagan por el continente y el mundo, por la función que la selva amazónica cumple para el equilibrio metabólico de nuestro planeta; sobre todo, por el agua que por evapo-transpiración, irriga amplias regiones del país, del continente y del mundo. No son pocas las ciudades no-amazónicas que ya acusan la falta de agua para su abastecimiento, por la devastación producida con tanta violencia contra la selva Amazónica y sus pueblos.
Alertamos sobre las amenazas que se ciernen a partir del nuevo escenario político brasileño, en el que las nuevas autoridades hablan abiertamente en hacer retroceder los compromisos ambientales asumidos hasta ahora por Brasil, como el abandono de los Acuerdos de París, así como las abiertas amenazas de etnocidio contra los pueblos indígenas y quilombolas al no reconocer sus modos de vida y sus formas comunitarias, en una visión reduccionista de la riqueza de la especie humana al pretender, colonialmente, reducir la vida social al individuo, a la propiedad privada y a la idea de que todo se resume a la compra y venta para ganar dinero. El escenario también preocupa, por la descabellada amenaza de tipificación de movimientos sociales, como el movimiento de los trabajadores rurales sin tierra, el movimiento indígena y quilombola, como terroristas, demostrando que la función social de la propiedad y los instrumentos de justicia social que se construyeron en nuestra joven democracia, se encuentran abiertamente amenazados. Los asentados de la reforma agraria que, con mucha lucha, sangre y lágrimas consiguieron conquistar 85 millones de hectáreas de tierra en todo el territorio nacional y que abonaron la tierra de justicia, se encuentran en el centro de la amenaza. Lo mismo se extiende a todas las comunidades y pueblos tradicionales que, aunque insuficientemente, venían comenzando a ser conocidos y respetados en su dignidad de grupos diferenciados y que, en su mayoría, también tienen la práctica de hacer uso común de la tierra, del agua, en fin, de las condiciones necesarias de reproducción de la vida. Enfatizamos la importancia del cuidado que mantienen, no sólo la vida, sino los modos de vida de cada comunidad. Las mujeres siempre han tenido papel primordial en la producción y en el cuidado de la vida de las nuevas generaciones; papel este que, a pesar de tamaña centralidad de proporcionar la propia existencia de la comunidad, siempre ha sido invisibilizado. Las violencias cotidianas o puntuales, físicas o emocionales, que afectan a las mujeres y se suman a las dificultades de un camino ya de por sí, arduo, necesitan ser combatidas por todos, no sólo por ellas. La cuestión de género necesita ser reconocida en su peso, y requiere ser debatida con los jóvenes en las escuelas, por ejemplo, sin que aquellos que traen el debate de género puedan sufrir persecución ideológica. Para que los cambios de camino inunden a toda la sociedad, es necesario que los jóvenes formen parte del debate.
Reiteramos la necesidad de políticas de estímulo y valorización de los jóvenes que, sin embargo, sólo tendrán sentido con un horizonte ético para la vida en libertad, igualdad y respeto a la diversidad étnico-cultural. Nos preocupa la visión militarizada y de enfrentamiento de la seguridad pública en un país cuyos números alarmantes de asesinatos (más de 62 mil en el año 2017), tiene como principales víctimas a los jóvenes pobres y negros de las periferias urbanas, donde crece la nefasta presencia de milicias y donde no es raro que estén involucrados miembros de las fuerzas policiales. Racismo y machismo deben ser encarados como lo que son, como problemas profundamente estructurales, que influencian los caminos que seguimos, caminos éstos, que debemos reconstruir para seguir viviendo.
Alertamos, además, sobre las amenazas que se ciernen en contra de todas las prácticas de educación popular de estos pueblos y comunidades, que colocaron procesos de formación en el centro de sus búsquedas y, para ello, siempre se apoyaron e interactuaron con el sistema público en los diferentes niveles de enseñanza. En varias regiones del país surgieron experiencias exitosas de relación entre la enseñanza pública y los intereses de los grupos sociales en lucha por justicia y dignidad que, en este momento, se encuentran bajo la amenaza de profundización de una irresponsable visión privatizadora ya en curso. La educación del campo, la educación escolar indígena y todas las interacciones entre comunidades, movimientos y las universidades que honran valores que respetan la dignidad de los diferentes grupos sociales, se encuentran bajo la amenaza de una visión política de la educación que la quiere como negocio y adoctrinamiento, exactamente cuando se habla de la “escuela sin partido”.
En fin, no sólo la Amazonia viene siendo objetivo de un proceso de desarrollo que quiebra el compromiso de las comunidades y pueblos en sus territorios de vida. La presencia entre nosotros del pueblo mapuche que habita al sur de Chile y de Argentina; del pueblo wayuu y añuu, que habita al occidente de Venezuela, así como de colombianos, bolivianos y peruanos, nos hace ver que está en curso un violento proceso expropiatorio que busca desterritorializar estos pueblos y comunidades, para saquear las minas de su subsuelo, extraer el gas y el petróleo de sus entrañas, explotar sus suelos con monoculturas para exportación; en fin, para mantenernos en la condición de suplidores de materias primas para los centros geográficos más dinámicos del sistema mundo capitalista que nos habita hace más de 500 años!
Convocamos a todos y todas a mantenernos alertas frente a estas amenazas. Contamos con la solidaridad de todos y todas conscientes de nuestra responsabilidad de mantener la diversidad de la vida con la diversidad de nuestras prácticas culturales.
Por la Vida, por la Dignidad y por el Territorio, así se manifestaron en las calles los pueblos indígenas y campesinos de Bolivia y de Ecuador en los años 1990. Más que desarrollo queremos Vida en Plenitud (Suma Qamaña, Sumak Kausay...), lo que implica respetar diferentes modos de estar en el mundo. Así es la vida, así es la humanidad: diversa! Vida Larga a los Mapuche, a los Wayuu-Añuu, a los Xavante, a los Gaviones, a los Faxinalenses de Paraná, a los Agricultores y Agricultoras Amenazados por la Represa en Guapiaçau (Rio de Janeiro), a los quilombos de Bracuí, a las Asentadas y Asentados del Asentamiento Agroecológico del Contestado (MST-Paraná), a las Comunidades de Fundo y Fecho de Pasto de Bahia, a las Marisqueras de Sergipe, a las Asentadas de Alagoas, a las Catadoras de Mangaba de Sergipe, a las Curanderas de Paraná, a los Asentados y Asentadas del Asentamiento Palmares y el Asentamiento 26 de marzo (MST-Pará). Somos como el agua que no se quiebra, que se conforma a las circunstancias, se infiltra, se moviliza con las mareas en diálogo con la Luna, emerge como fuente, da la vida y tiene al cielo como límite. ¡Vuelve a la Tierra y alimenta nuestra mesa y nuestros sueños!
 
Marabá, Amazônia 11/11/2018
 

Amantino Sebastião de Beija – Faxinalense –PR.
Ana Maria dos Santos – Benzedeira do MASA - PR.
Ana Rute Rocha Santos – Marisqueira de Sergipe - SE.
Cosme Rite – Indígena Xavante - MT.
José Quintero Weir – Indígena Wayuu-Añuu,- Antropólogo-Ativista.
Katia Akrãtikatêjê – Cacique da aldeia Akrãtikatêjê – PA.
Marcos Vinicius Francisco de Almeida - Comunidade Quilombola do Bracuí – RJ.
Maria José Cavalcante – Camponesa - CPT - AL.
Miguel Angel AT Mapuche – Indígena Mapuche.
Patrícia Santos de Jesus – Mangabeira - Catadora de Mangaba - SE.
Paulo Henrique Almeida Andrade - Teia dos Povos Maranhão.
Priscila Facina Monnerat – Assentada do Assent. Contestado – ELAA-MST- PR.
Silas Borges Evangelista – Agricultor de Guapiaçu – RJ (MAB).
Zacarias Ferreira da Rocha – Povos e Comunidades de Fundo de Pasto – BA.
Adriane de Andrade - Geógrafa-Ativista – UFPR.
Alessandro Peregalli – UNAM (México) - Itália.
Alexander Panez – Assistente Social-Ativista - MODATIMA – Chile.
Ângela Massumi Katuta - Geógrafa-Ativista – UFPR.
Bruno Malheiro – Geógrafo-Ativista – UNIFESSPA.
Carlos Walter Porto-Gonçalves - Geógrafo-Ativista – LEMTO.
Claudio Dourado – Antropólogo - Ativista – CPT – BA.
Danilo Cuin – Geógrafo-Ativista – LEMTO.
Eduardo Alvares da Silva Barcelos – Engº Ambiental- Geógrafo-Ativista – IFBAZ.
Eraldo da Silva Ramos Filho - Geógrafo-Ativista – UFS.
Fernando Michelotti – Agrônomo-Ativista – UNIFESSPA.
Julia Ladeira – Pesquisadora-Ativista – LEMTO.
Laiza Lima – Pesquisadora-Ativista – LEMTO.
Luciana Borges – Geógrafa-Ativista – UNIFESSPA.
Marlon Nunes – Pesquisador-Ativista – LEMTO.
Pedro Catanzaro da Rocha Leão – Pesquisador-Ativista – LEMTO.
Pedro D'andrea Costa - Geógrafo-Ativista  - UERJ.
Pedro Henrique Rocha – Pesquisador-Ativista – LEMTO.
Ralph Medeiros de Albuquerque - Geógrafo-Ativista – UFPR.
Ruth Bautista – Socióloga-Ativista – Movimiento Regional por la Tierra/IPDRS – Bolívia.
Tania Gomez– Abogada-Ativista – Colômbia.

 
* Ruth Bautista Durán, socióloga (UMSA). Tiene estudios sobre género, etnicidad, literatura, edición y otros abocados al desarrollo rural. Actualmente es coordinadora del Movimiento Regional por la Tierra y Territorio, responsable del Área de Investigación-acción del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica-IPDRS y miembro de la Colectiva Ch’ixi.

Autores e editores

Author(s), editor(s), contributor(s): 
Ruth Bautista Durán
Publisher(s): 

El Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) es una iniciativa de la sociedad civil que nació en el año 2009 para promover enlaces, sinergias y acciones de desarrollo rural de base campesina indígena en la región sudamericana.

El IPDRS ejecuta proyectos, realiza consultorías y evaluaciones y gestiona servicios de fortalecimiento de capacidades de desarrollo rural en Sudamérica a través de las líneas de: INVESTIGACIÓN-ACCIÓN, COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO e INTERAPRENDIZAJE.

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