Restituir la tierra, restituir la paz | Land Portal
La historia de Robinson Salas

 

El conflicto que duró 52 años y dejó 220 000 muertos y más de ocho millones de personas desarraigadas en Colombia, llegó a su fin en julio de 2017. La FAO está ayudando a Colombia a implementar la paz negociada, ayudando en cuestiones de derechos a la tierra y desarrollo rural. ©Patrick Zachmann / Magnum Photos para la FAO

 

“El aniversario de la muerte de mi hermano es el 26 de julio. Fue asesinado hace 27 años”, explica Robinson Salas. Robinson es uno de los millones de personas que se han visto desplazadas de sus hogares y sus tierras por el conflicto armado entre el Gobierno de Colombia y el grupo rebelde de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Este conflicto se prolongó durante 52 años, dejó 220 000 muertos y a más de ocho millones de personas desarraigadas.

“La situación continuó empeorando, con más violencia cada día, hasta que tuvimos que irnos de nuestra tierra. Decidí marcharme porque estaba casado y tenía dos hijos. Siempre tuve mucho miedo con la presencia de esas personas (las FARC)”.

Robinson y su familia se resistían a abandonar sus tierras, pero llegados a cierto punto, era demasiado peligroso quedarse. Se mudaron a la cercana ciudad de Corozal, a unos 10 kilómetros de distancia.

“Mi padre siguió con idas y venidas para ocuparse de su tierra hasta que murió de un ataque al corazón en 2003. Trabajaba allí durante el día, pero se volvía por la noche porque no era seguro. Luego, uno de mis hermanos asumió el cuidado de nuestro terreno hasta que fue asesinado (por hombres armados) en 2006. Otro hermano murió en 2007. Después de ello, abandonamos el lugar por completo”, explica Robinson. Los combates le hicieron perder a su familia, su medio de sustento e incluso la tierra de sus ancestros.

 

En la ciudad, Robinson trabajó en una estación de policía, ayudando al Inspector con los trámites. Aunque trabajaba a tiempo completo, solo le pagaban como empleado a tiempo parcial. Se dio cuenta de que añoraba todo acerca de su antiguo modo de vida: su aldea, su granja, su tierra. Robinson está casi completamente ciego, pero de vuelta en Pertenencia, su aldea, esto no fue un problema. Siempre había algo que hacer en la granja y alguien de la comunidad para ayudarle si lo necesitaba. “No hay tiempo para estar quieto”, explica Robinson.

 

“Robinson es un buen ejemplo de cómo hay que construir la paz. Sí, su vista es pobre, pero posee una gran visión: una visión del desarrollo comunitario dentro del territorio, renovando las tierras de Montes de María”. Rafael Zavala – Representante de la FAO en Colombia

 

 

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5 décadas de conflicto habían afectado profundamente el campo colombiano. Tan solo 7 de los 22 millones de hectáreas de tierras cultivables de Colombia estaban siendo utilizados. Gran parte de esta superficie había sido abandonada debido a los enfrentamientos.

Hubo que esperar hasta julio de 2017 para que por fin terminase el conflicto: los miembros de las FARC entregaron sus armas como parte del acuerdo de paz negociado en los años anteriores. Sin embargo, quedaron pendientes las cuestiones del control de la tierra y los medios de vida.

El Gobierno de Colombia y el grupo de las FARC pidieron a la FAO que les ayudara a implementar el primer punto del acuerdo de paz: una reforma rural integral, que incluye el acceso a la tierra y la lucha contra el hambre, dos caras de la misma moneda. Restituir las tierras significa devolver los medios de subsistencia, el primer paso para acabar con la pobreza y el hambre.

“Acabar con el hambre y la malnutrición y lograr la paz y el desarrollo rural no son tareas separadas, sino diferentes aspectos del mismo desafío”. – José Graziano da Silva, Director General de la FAO.

Como parte del acuerdo de paz, el gobierno colombiano está implementando más de 80 leyes especiales y un millar de programas, que van desde proyectos de electrificación rural y reconversión laboral hasta planes de apoyo a fuentes de ingresos para ex integrantes de las milicias.

El gobierno aprobó también la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, lo que significa que Robinson podía recuperar su tierra, 18 años después de verse obligado a abandonarla.

Después de tanto tiempo, Robinson no sabía en qué estado hallaría su propiedad. Volvió y se encontró con que ahora estaba en medio de una jungla y que resultaba difícil acceder.

“No había nada más que maleza. Eso era todo”, explica Robinson.

Poco a poco, construyó una casa. Con el apoyo del Gobierno de Suecia y la Unidad de Restitución de Tierras, pudo desbrozar la parcela y empezar a cultivar. También recibió cinco vacas. Ahora tiene 16, que puede vender para conseguir dinero para invertir en la granja.

Su esposa permaneció en la ciudad con sus hijos, ya que dos de ellos están discapacitados y carecen de servicios escolares en el área rural. Los ingresos que obtienen de la granja ayudan a mantener a su familia. Aunque trabaja él solo, dice que está contento sobre cómo han ido las cosas. “Aprendimos cosas nuevas. Por ejemplo, la FAO nos mostró cómo elaborar y utilizar fertilizantes sin productos químicos para nuestros cultivos y cómo criar mejor a nuestras vacas”, añade.

Robinson sueña con incrementar su rebaño, construir una granja autosuficiente para cultivar plátanos, mandioca y ñame, y poseer un huerto lleno de árboles frutales.

Y por último, pero sin duda no menos importante: vivir en paz.

“Lo que necesitamos es paz –dice–, porque si tenemos estabilidad económica y alimentos, tendremos éxito y sin los problemas que vemos en las áreas urbanas. Estamos poco a poco construyendo la paz”.

 

Financiado por el gobierno de Suecia, el proyecto respaldado por la FAO titulado Fortalecimiento de la sostenibilidad de procesos de restitución de tierras se centra en promover la integración, la reconciliación y el intercambio de recursos, beneficiando a unas 500 personas. Aproximadamente la mitad son agricultores retornados y la otra mitad campesinos que viven en comunidades de acogida localizadas en los departamentos colombianos de Nariño, Sucre, Córdoba, Tolima y Magdalena.

El proyecto estableció además una red de riego colectiva, que recoge y almacena el agua de lluvia. En un área que a menudo sufre sequías, este método es clave para que los agricultores tengan acceso regular al agua.

Con el apoyo sueco y de la Unidad de Restitución de Tierras de Colombia, la iniciativa también apoyó a los agricultores en la producción de leche, café y miel, ofreciendo infraestructuras, equipos, como pequeños aperos, y capacitación en prácticas agrícolas sostenibles.

 

La FAO continúa trabajando con el gobierno de Colombia y las organizaciones de la sociedad civil para proporcionar asesoramiento sobre políticas en relación a los derechos de tenencia, el desarrollo rural y la seguridad alimentaria para ayudar al país a mantener una paz duradera. La FAO se enorgullece de trabajar junto con las comunidades para ayudar a lograr esta nueva fase de paz en la Colombia rural.

BLOG publicado por la FAO

 

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